Pure trade to deal with a modest request in a detached twelve years old house in the area of Pamplona. Wine lovers, the owners require us to solve humidity problems and to condition the wine cellar in the basement as well as to replace two double sliding doors in a disused lobby, usually accessed via kitchen or garage.
 
Accordingly, we suggest to remove the doors to incorporate the room to the living room.  An exempt pillar 'appears' in the middle of the room that instantly reveals a rigorous structural order once hidden in the facade pilasters.  It reveals the possibility of undergoing a new order and rearranging the environment to avoid a chaotic and disjointed sensation. The key, locate the television in the center and the always grateful 'distance'.

In the ground floor, we just replace the wood-flooring damaged by the immediacy of the garden and the dogs, a coat of paint and new curtains to highlight the pilasters, blur the boundaries and, incidentally, conceal radiators and woodwork. The new lighting and the quarterings undergo and abound, how not, in the hierarchy of the quadrants.

In the basement, we relocate the cellar, a storage room, a bathroom and the traditional 'txoko'. Poor natural lighting is assumed without trauma as an excuse to propose an alternative atmosphere, more intimate and sophisticated. The continuity of the backlit bottle shelving beyond the limits of the wine cellar serves as a resource to arrange the room and dilute its limits. They like the effect and it replicates in the opposite wall. With the same object, more curtains. In the same way, the necessary joints in plasteboarded ceilings emphasize the order and lighten the atmosphere, making clear its epithelial condition. The recognition of the amount as the most important spatial quality and the consequent aim to increase the feeling of spaciousness acquire, here, full validity.

Puro oficio para hacer frente a un modesto encargo en un discreto unifamiliar de doce años de antigüedad en la comarca de Pamplona. Amantes del buen vino, los propietarios nos requieren para solucionar humedades y acondicionar la bodega en el sótano, así como sustituir dos puertas dobles por correderas en un vestíbulo en desuso –se accede habitualmente a través de la cocina o el garaje.
 
Siendo así, se les sugiere eliminar las puertas para incorporar la estancia al estar. ‘Aparece’ un pilar exento en mitad de la sala que instantáneamente revela un riguroso orden estructural escondido en las otrora molestas pilastras de fachada. Surge la posibilidad de someterse al nuevo orden y reorganizar los ambientes para evitar una sensación caótica y deslavazada. Las claves, ubicar la televisión en el centro y la siempre agradecida ‘distancia’.
 
En planta baja, apenas sustituir el pavimento de madera–deteriorado por la inmediatez del jardín y los perros-, una mano de pintura y nuevas cortinas para destacar las pilastras, diluir los límites y, de paso, disimular radiadores y carpinterías. La nueva iluminación y los despieces se someten y abundan, como no, en la jerarquía de los cuadrantes.
 
En el sótano, reubicar la bodega, un trastero, un baño y el tradicional ‘txoko’. Se asume sin traumas la escasa iluminación natural como excusa para proponer una atmósfera alternativa, más íntima y sofisticada. La continuidad del botellero retroiluminado más allá de los límites de la bodega sirve como recurso para ambientar la sala y diluir sus límites. Gusta el efecto y se replica en la pared enfrentada. Con el mismo objeto, más cortinas. Del mismo modo, las necesarias juntas en los techos de cartón yeso enfatizan el orden y aligeran el ambiente evideciando su condición epitelial. El reconocimiento de la cantidad como la más importante cualidad espacial y el consecuente afán de incrementar la sensación de amplitud adquieren, aquí, plena validez.

 
Architects:
Iñigo Beguiristáin
Vaillo+Irigaray

Photography: 
Iñaki Bergera