Casa emblemática de rotunda traza académica en el centro histórico de Pamplona. Sus enormes bondades permanecían ocultas, perdidas en una distribución laberíntica, con profundos pasillos y un sinfín de puertas y dormitorios colmados de abigarrados enseres y atrevidos revestimientos.
 
La han habitado durante décadas una entrañable pareja y su perro, Google, que hacían la vida en la diminuta cocina, con una única ventana a patio; nos convocaron únicamente para reformar esta estancia. Se les sugirió, y compartieron, que la casa y ellos mismos merecían otra forma de vivirla y disfrutarla, pero lastrados por sus vivencias, presentaban gran resistencia a renunciar a casi nada. La promesa de mantener todas las puertas originales, una vez decapadas, hizo posible el acuerdo y se amplió a las zonas comunes de la casa el ámbito de la reforma.
 
Esforzada manipulación plástica y obra mínima, apenas restar. Guiados por el reconocimiento de la cantidad como la más importante cualidad espacial y el consecuente afán por incrementar la sensación de amplitud, apoyados en la siempre agradecida ‘distancia’, se eliminaron abundantes tabiques, revestimientos, lacados, pinturas y muebles para recuperar el nítido orden estructural e introducir una sutil envoltura de cartón yeso que cualifica espacios y disimula las cicatrices de la intervención.